Five Fingers (2012): un carrusel de emociones continuo

cartel kdrama Five Fingers (2012)

Five Fingers es de esos kdramas que se quedan eternamente en la lista de pendientes porque no hay manera de encontrarlos en ninguna plataforma. Llevaba tiempo queriendo verlo y finalmente lo encontré en un canal de Telegram, así que decidí que sería mi kdrama del verano, al igual que hay libros que se convierten en la lectura del verano.

Y tenía, además, dos alicientes importantes: lo protagonizan dos actores que me gustan mucho. Sobre todo Ju Ji Hoon, que aquí está espectacular, y un jovencísimo Ji Chang Wook, al que hace gracia ver tantos años después y comprobar que ya entonces era un actor de lo más solvente.

Los primeros cuatro episodios están protagonizados por los personajes en su infancia y sirven para contarnos los antecedentes de estos dos hermanos, dos virtuosos del piano que no podrían ser más diferentes.

Ji Hoo ha nacido con un talento extraordinario para la música. Tiene un oído excepcional y una sensibilidad innata para interpretar el piano. In Ha, en cambio, consigue convertirse en un buen pianista a base de practicar incansablemente. Desde niños queda claro que entre ellos existe una rivalidad que irá mucho más allá de la música.

Y si los hijos ya tienen bastante con sus propios conflictos, los padres no ayudan precisamente. El padre es un hombre sin empatía, para quien el negocio está por encima de cualquier otra consideración. La madre, por su parte, es una mujer ambiciosa y dispuesta a hacer lo que sea por su hijo. El amor materno queda completamente subordinado a sus propios intereses y a su obsesión por conseguir que In Ha ocupe el lugar que considera que le corresponde.

Reconozco que estos primeros episodios me dieron un poco de pereza. Tener que esperar cuatro capítulos para que la historia avance catorce años no me parecía la mejor manera de empezar un kdrama de 30 episodios. Sin embargo, una vez vistos, entiendes que eran necesarios para comprender a los personajes adultos y, sobre todo, sus heridas.

Porque cuando Ji Hoo e In Ha aparecen ya adultos, vemos hasta qué punto aquella infancia ha marcado sus personalidades.

Ji Hoo ha crecido sintiendo que nada de lo que tiene le pertenece realmente. Todo lo que ha recibido debe agradecerlo y, de alguna manera, devolverlo. Vive condicionado por ese sentimiento de deuda y por una especie de piedad filial que le impide pensar que tiene derecho a ser feliz por sí mismo.

In Ha, en cambio, arrastra el trauma de haber crecido sintiéndose rechazado por sus padres. A esto se suman el incendio que casi acaba con su vida, las secuelas que le deja en una mano y la llegada de un medio hermano que, desde su perspectiva, le arrebata su lugar dentro de la familia. Su rivalidad con Ji Hoo no nace únicamente de la ambición: también nace de todas esas heridas acumuladas desde la infancia.

Y aquí es donde empieza el verdadero carrusel del makjang.

Porque Five Fingers es un makjang con todas las letras. De esos en los que parece que a los personajes no les puede pasar nada más y, cuando piensas que por fin van a tener un poco de tranquilidad, ocurre otra desgracia.

A la muerte de su padre, Ji Hoo e In Ha heredan la empresa de pianos Boo Sung. Lo que en principio debería ser una herencia que les solucionara la vida se convierte, en realidad, en una herencia maldita y en el origen de buena parte de sus problemas.

A partir de ahí tenemos todos los ingredientes imprescindibles del género: peleas entre hermanos, padres que no son quienes parecen, hijos secretos, venganzas, asesinatos, relaciones imposibles y secretos que tarde o temprano terminan saliendo a la luz.

Y qué cantidad de cosas le hacen pasar al pobre Ji Hoo. Sinceramente, llega un momento en que una piensa que ya no le pueden hacer pasar por nada más… y el drama encuentra la manera de demostrarte que sí.

La madre de Ji Hoo es especialmente terrible. Su comportamiento y las decisiones que toma son difíciles de justificar y, aunque el drama intenta mostrarnos las razones que hay detrás de algunas de sus acciones, resulta complicado sentir empatía por ella.

También se notan los años que han pasado desde que se rodó. Hay algunos momentos y algunas decisiones narrativas que hoy pueden resultar algo forzadas y alguna trama que habría necesitado un poco más de desarrollo. Pero creo que hay que ver Five Fingers por lo que es: un makjang de 2012 que abraza completamente el exceso y no tiene ningún problema en llevar las desgracias de sus personajes hasta las últimas consecuencias.

Y, curiosamente, esperaba encontrarme bastante relleno. Son 30 episodios y, además, estamos hablando de un drama en el que pasan muchísimas cosas. Sin embargo, no he tenido esa sensación. Este makjang es un carrusel de emociones continuo. Prácticamente en cada episodio sucede algo que hace avanzar la historia o que complica todavía más la vida de los protagonistas.

Pero una vez terminado, creo que la verdadera historia de Five Fingers no es la empresa, ni siquiera la historia de amor entre Ji Hoo y Da Mi. La relación entre ellos está presente durante todo el drama y la iremos siguiendo, pero llega un momento en que pasa a un segundo plano.

La verdadera historia es la de los dos hermanos.

Ji Chang Wook y Ju Ji Hoon en Five Fingers (2012)

Ji Hoo e In Ha empiezan siendo dos niños que compiten por el reconocimiento de un padre y por un lugar dentro de una familia que, en realidad, está profundamente rota. Y durante los 30 episodios vamos viendo cómo las decisiones de los adultos, los secretos y las tragedias de su infancia condicionan la relación que mantienen cuando son adultos.

Al final, de una forma u otra, cada personaje acaba imponiéndose su propio castigo para poder sobrellevar lo sucedido y cargar con el peso del pasado. Incluso aquellos que no son responsables de determinadas desgracias terminan asumiendo culpas que no les corresponden.

Una de las cosas que más me han llamado la atención del drama es cómo, de una forma u otra, cada personaje acaba enfrentándose a las consecuencias de sus decisiones y de todo lo sucedido. Algunos cargan con culpas que les corresponden y otros con culpas que ni siquiera son suyas, pero todos tienen que encontrar su propia manera de seguir adelante con el peso del pasado.

Five Fingers no es un drama sutil. Tampoco pretende serlo. Es un makjang con mayúsculas, con todos los excesos que eso implica y con una sucesión de desgracias que parece no tener fin. Pero precisamente ahí está buena parte de su encanto.

Y aunque los primeros episodios me dieron un poco de pereza, una vez superada esa introducción la historia consigue atraparte. Además, es un auténtico placer ver a Ju Ji Hoon tan joven —y guapísimo, porque hay que decirlo— y a Ji Chang Wook empezando a demostrar ya entonces que tenía todo lo necesario para convertirse en el actor que conocemos hoy.

Un culebrón de pura cepa, sí. Pero uno de esos que, una vez que empiezas, quieres saber qué desgracia será la siguiente.


By Jemmssi


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