The East Palace (2026): un palacio lleno de secretos y espíritus
Cuando se anunció The East Palace me llamó la atención desde el primer momento. Su sinopsis ya prometía una historia llena de misterio y fantasía, pero terminé de convencerme cuando descubrí que en el reparto habían nombres como Cho Seung Woo y Kwak Dong Yeon interpretando al rey y al príncipe heredero respectivamente.
Siempre es un placer volver a ver a Cho Seung Woo en la pequeña pantalla. Es uno de esos actores que transmiten una enorme presencia en cada escena. Si no recuerdo mal, el último drama que había visto protagonizado por él fue Divorce Attorney Shin, así que tenía muchas ganas de reencontrarme con él.
También me ha gustado volver a ver a Kwak Dong Yeon, aquí dando vida a un príncipe. Además, este puede ser uno de los últimos trabajos que disfrutemos de él durante una temporada, ya que a finales de agosto iniciará el servicio militar obligatorio. Ahora ya sabemos también por qué no participará en la segunda temporada de The Village Barber. Toca despedirse de él por un tiempo.
The East Palace es un minidrama de solo ocho episodios de unos 47 minutos cada uno, pero aprovecha muy bien su duración. Combina fantasía, acción, intrigas palaciegas y una gran presencia del folclore coreano, convirtiéndose en una historia que gira constantemente alrededor de los espíritus, las maldiciones y el chamanismo.
La trama nos traslada treinta años atrás, cuando un trágico acontecimiento desencadena una maldición que condena a los herederos de la corona del Palacio del Este. Desde entonces, cada sucesor parece destinado a morir. Ante esta situación, el rey decide recurrir a un poderoso chamán para romper el ciclo de desgracias y descubrir qué ocurrió realmente entre los muros del palacio.
Sin duda, lo que más he disfrutado ha sido toda la parte relacionada con el folclore y las creencias populares coreanas. El drama habla del mundo de los espíritus, de las posesiones, de los rituales chamánicos y de cómo todo ello convive con elementos del budismo y conceptos tradicionales como el equilibrio entre las energías yin y yang. Es un tipo de fantasía muy ligado a la cultura coreana y que resulta especialmente atractivo para quienes disfrutamos descubriendo este tipo de tradiciones.
Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue el uso del agua como elemento que conecta el mundo de los vivos con el de los espíritus. El estanque del palacio actúa como una auténtica puerta entre ambos mundos, permitiendo la aparición de diferentes seres sobrenaturales. Entre ellos encontramos a los gwi-mae y a los won-gwi, espíritus atormentados incapaces de descansar hasta resolver aquello que los mantiene atados a este mundo.
Y luego está Ggeomeoksali, probablemente el espíritu más adorable de toda la serie. Resulta imposible no cogerle cariño. Es pequeño, tierno y hasta divertido, aunque no conviene olvidar que se alimenta de la energía yang de las personas. Se engancha literalmente a ellas como una garrapata para absorber su vitalidad. Es uno de esos personajes que consigue enternecernos mientras nos recuerda constantemente que, en realidad, sigue siendo un ser peligroso.
Como buen sageuk, tampoco faltan los secretos de palacio, las conspiraciones para hacerse con el trono y las luchas de poder. En el Palacio del Este los secretos nunca pueden salir a la luz, y quien intenta revelarlos suele acabar pagando un precio demasiado alto. Esa mezcla entre investigación sobrenatural e intrigas políticas mantiene el interés prácticamente durante toda la serie.
Hay un detalle que sí me chocó. En una sociedad gobernada por el confucianismo, donde la estricta separación entre hombres y mujeres marcaba buena parte de la vida cotidiana, me sorprendió la manera en que el drama empareja a los personajes interpretados por Roh Yoon Seo (Crash Course in Romance) y Nam Joo Hyuk (Moon Lovers) como parte esencial del proceso para romper la maldición. Entiendo esta licencia histórica porque The East Palace es, ante todo, un minidrama de fantasía y terror sobrenatural, donde la prioridad no es el rigor histórico, sino construir una historia en la que el folclore y el mundo de los espíritus son los verdaderos protagonistas.
Otro aspecto que merece una mención especial es la banda sonora. La OST apuesta por una música muy diferente a la habitual. Predominan los tambores, la percusión, los cánticos repetitivos y unas melodías que recuerdan a sutras budistas o a antiguos rituales chamánicos. Todo ello crea una atmósfera muy primitiva e hipnótica que acompaña perfectamente la tensión sobrenatural de la historia.
Visualmente me ha parecido una serie muy cuidada. Desde mi opinión de simple aficionada, sigo pensando que los sageuks coreanos —junto con el cine y las series históricas británicas— son de las mejores producciones a la hora de recrear una época. El vestuario, los decorados, el mobiliario y las localizaciones están trabajados con muchísimo detalle.
En The East Palace, además, destaca especialmente la fotografía. Hay planos y encuadres de una enorme belleza que convierten muchas escenas en auténticas estampas pictóricas. A ello se suman unos efectos especiales muy convincentes que consiguen que el espectador se sumerja por completo en ese inquietante palacio donde conviven vivos, espíritus vengativos y antiguos rencores.
En definitiva, The East Palace me ha parecido un minidrama muy recomendable para quienes disfrutan de los sageuks con un importante componente sobrenatural. Sus ocho episodios ofrecen una combinación muy entretenida de maldiciones familiares, luchas por el trono, espíritus vengativos, rituales chamánicos y creencias populares coreanas. Y, de paso, nos regalan a un pequeño espíritu tan adorable como peligroso que probablemente terminará robándose el corazón de muchos espectadores.



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