My Royal Nemesis (2026): un enemies to lovers divertidísimo con viajes en el tiempo y mucho folclore coreano
Después de leer tantos comentarios positivos en Twitter y descubrir que la protagonista era Im Ji Yeon, a quien ya había visto en Nice to Not Meet You, y que el protagonista era el guapo Heo Nam Jun, acabé cayendo en la tentación. Y menos mal que lo hice, porque he disfrutado muchísimo de sus catorce episodios.
Es de esos dramas que empiezas por curiosidad y acabas viendo con una sonrisa permanente. Me ha entretenido de principio a fin y, lo más importante, en ningún momento he sentido que perdiera fuerza. Al contrario, conforme avanzaban los episodios aumentaban tanto el romance como la carga dramática sin renunciar nunca a ese humor tan bien dosificado que hace que siempre tengas ganas de ver "un episodio más".
La premisa no es especialmente rupturista. Los viajes en el tiempo son un recurso muy habitual en los kdramas y recientemente vi una propuesta similar en The Story of Park's Marriage Contract. Sin embargo, My Royal Nemesis consigue darle personalidad propia con la fuerte rivalidad y constante choques de personalidades de la pareja principal.
Lady Kang (Seo-ri), una dama de la corte de origen plebeyo durante la dinastía Joseon, es acusada de ser la responsable de las desgracias que azotan al reino: malas cosechas, sequías y toda clase de malos augurios. Como castigo es condenada a morir envenenada. Sin embargo, gracias a un ritual chamánico despierta en la Seúl actual, donde conoce a Cha Se-gye, un chaebol de cuarta generación que arrastra el estigma de ser considerado un "chaebol mestizo" por el humilde origen de su madre.
Resulta curioso que ambos compartan un pasado marcado por sus orígenes humildes y, precisamente por eso, desarrollen una personalidad orgullosa que hace que el otro lo perciba como arrogante. Ese choque constante de caracteres es el punto de partida de un enemies to lovers que me ha conquistado completamente.
Y es que me encantan este tipo de romances cuando están bien escritos, y aquí funcionan de maravilla. Los diálogos son rápidos, ingeniosos y muy divertidos. Las discusiones entre ambos están llenas de tensión, pero también de una química que traspasa la pantalla.
Los malentendidos entre Seo-ri y Se-gye están muy bien construidos. Cuando parece que la relación avanza, un nuevo equívoco vuelve a levantar un muro entre ellos. Ese tira y afloja mantiene viva la tensión romántica durante toda la serie sin resultar repetitivo.
Seo-ri, por su parte, carga con las heridas de su vida pasada. El amor ya le rompió el corazón una vez y ha decidido cerrar esa puerta para siempre. Su pasado pesa demasiado sobre ella y eso explica muchas de sus dudas y de sus constantes pasos atrás.
El romance funciona porque se cocina a fuego lento, porque hay química, porque los besos transmiten y porque los pequeños gestos terminan diciendo mucho más que las grandes declaraciones. Bueno... y porque tampoco vienen mal las dos escenas de ducha del guapísimo protagonista.
Otro personaje que me ha sorprendido gratamente ha sido el primo de Se-gye en la actualidad, el equivalente al rey durante la época Joseon. Aunque termina convirtiéndose en uno de los personajes más complejos de la historia, el actor consigue dotarlo de una enorme tristeza. A pesar de ser un villano malvado por naturaleza, consigue trasnmitir que es un personaje moldeado por las heridas de la vida y por una necesidad constante de sobrevivir.
Algo que también he agradecido es que, incluso en los dos últimos episodios, cuando muchos dramas empiezan a desinflarse, My Royal Nemesis mantiene el ritmo. El humor sigue funcionando, el romance continúa evolucionando y la parte dramática gana intensidad sin perder el equilibrio. En ningún momento tuve la sensación de que se estuviera alargando la historia innecesariamente.
Una de las cosas que más disfruto siempre de los kdramas son esos pequeños detalles culturales que aparecen casi sin darte cuenta y que hacen que aprenda mientras me entretengo. My Royal Nemesis está repleto de ellos.
Encontramos referencias al gwansang, la antigua práctica coreana de leer el destino a través del rostro; al bison, ese gesto ritual de frotarse las palmas de las manos mientras se eleva una plegaria; al chamanismo coreano y a los rituales espirituales; al concepto del inyeon, ese destino que une a dos personas incluso a través de distintas vidas; a la discriminación social que sufrían quienes no pertenecían a los grandes linajes familiares; a la invisibilidad histórica de las mujeres en los Anales de la dinastía Joseon, donde ni siquiera quedaban registradas muchas de las vivencias de reinas y concubinas; a las condenas mediante veneno reservadas para determinados miembros de la nobleza y también a la antigua creencia de que un meteorito con una estela roja anunciaba grandes catástrofes para el reino.
Son precisamente estos pequeños detalles los que, para mí, siempre aportan un valor añadido al visionado.
La banda sonora también merece una mención especial. Tiene varias canciones realmente bonitas y especialmente destaca una balada, Everyday Miracle, que acompaña perfectamente los momentos más emotivos del drama y consigue potenciar todavía más la historia de amor.
En definitiva, My Royal Nemesis me ha parecido un drama muy completo. No esperaba que me gustara tanto y, sin embargo, ha terminado convirtiéndose en uno de esos dramas que he disfrutado de principio a fin. Me ha hecho reír, me ha emocionado y, además, me ha permitido descubrir nuevos aspectos de la historia y el folclore coreano. ¿Qué más se le puede pedir a un kdrama?
Si os gustan los enemies to lovers, los viajes temporales y esos kdramas capaces de haceros reír, emocionar y aprender un poquito más sobre la cultura coreana al mismo tiempo, este merece muchísimo la pena.
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