Make Me Tingle (2026), una romcom que te hará replantearte algunas cosas
Otro drama de diez episodios, y creo que todo un acierto que tenga esta duración. La trama no da para mucho más, pero tampoco necesita alargarse innecesariamente. Además, nos plantea algunas cuestiones que damos por sentadas y que no está de más poner sobre la mesa, especialmente cuando se abordan desde dos puntos de vista tan opuestos como los de sus protagonistas.
Por un lado tenemos a Gong Yeon-su (Nam Ji-hyun), la hija mayor de una familia tradicional, educada bajo unas estrictas normas de comportamiento y las costumbres confucianas. Para ella, el amor, las relaciones sexuales y el matrimonio van de la mano: quiere enamorarse, casarse y tener relaciones sexuales dentro del matrimonio. En el otro extremo está Dokgo Dal (Kim Jae-young), CEO de una startup dedicada a la fabricación y comercialización de juguetes eróticos, que tiene una visión mucho más liberal de las relaciones y considera que para disfrutar del sexo no es necesario que exista amor entre las personas. Después de una cita a ciegas concertada por sus familias, sus vidas se cruzarán inevitablemente y acabarán trabajando juntos.
Y es que este k-drama no deja de sorprenderme. Aunque mantiene la estructura habitual de las comedias románticas coreanas y sus personajes responden a los roles que ya conocemos, el mundo de los juguetes eróticos y la manera de abordar la sexualidad introduce una nota discordante que lo hace bastante diferente.
A partir de ahí se van incorporando otros temas que enriquecen la historia. Desde esas mujeres que han crecido sin apenas información sobre su propio cuerpo, sus órganos sexuales y el placer, hasta una generación de jóvenes que prefiere darse placer por su cuenta antes que gastarse buena parte de su sueldo en citas y relaciones amorosas que, además de tiempo, requieren dinero. Y todo ello sin olvidar los prejuicios que todavía rodean a esta industria. Descubrimos, por ejemplo, que la comercialización de juguetes eróticos estuvo prohibida en Corea y que, aunque las cosas han cambiado, sigue siendo un sector bastante mal visto. Una situación que se puede llega a comparar con la consideración social que tenían los carniceros durante la era Joseon.
Me gustan especialmente las conversaciones y escenas que comparte Yeon-su con su tía divorciada. ¡Qué personaje! Es divertidísima, sobre todo por esa manera tan directa que tiene de verbalizar absolutamente todo lo que piensa, sin filtros ni reparos. Y hay varias situaciones y reflexiones de este drama con las que me he sentido identificada, lo que seguramente ha contribuido a que me haya llamado tanto la atención. Eso, unido a unas cuantas escenas realmente divertidas que me han arrancado más de una carcajada, ha hecho que me enganche mucho más de lo que esperaba.
Pero no todo gira alrededor del sexo y las relaciones. También vamos conociendo mejor a nuestros protagonistas y entendiendo de dónde vienen sus respectivas maneras de ver la vida. Dokgo Dal mantiene una relación complicada con su padre y ha tenido una infancia y juventud marcadas por la soledad. Esas experiencias le han llevado a cerrar la puerta al amor y a mantener las emociones a una distancia prudencial. Yeon-su, por el contrario, ha vivido siempre haciendo lo que los mayores de su familia decidían y cumpliendo con aquello que se esperaba de ella, sometida a unas normas tradicionales muy estrictas que apenas le han dejado espacio para descubrir quién es realmente y qué desea.
Y mientras ambos continúan enfrentándose por sus diferentes maneras de entender las relaciones sexuales y sentimentales, el drama nos lanza preguntas bastante interesantes: ¿es necesario que exista amor para mantener relaciones sexuales o podemos entender el sexo como una forma de experimentar placer y disfrutar? ¿El amor es una invención humana vinculada a la reproducción o un sentimiento que experimentamos y que va mucho más allá de ella? ¿Qué es lo que realmente necesitamos de una relación?
Más allá del entretenimiento, creo que muchos espectadores podrán sentirse identificados en más de una ocasión con algunas de las situaciones y cuestiones que se plantean. Y eso es precisamente lo que más me ha gustado: que, sin dejar de ser una comedia romántica, se atreva a cuestionar determinadas convenciones y a mostrarnos otras maneras de entender las relaciones.
También me ha gustado cómo evoluciona la relación entre los protagonistas. Y es que, a medida que avanzan los episodios, vamos descubriendo que las relaciones no siempre funcionan como imaginamos. Dos personas pueden tener caracteres similares, compartir gustos y opiniones y ser muy afines, pero si no existe atracción por ambas partes, difícilmente la relación irá a ninguna parte. En cambio, dos personas con caracteres y opiniones muy diferentes pueden llegar a entenderse si existe atracción mutua y, con el roce y la convivencia, acaba apareciendo el cariño.
Y lo mejor de todo es que no esperaba demasiado de este kdrama y he acabado completamente enganchada. Es un drama muy divertido, con una protagonista que va descubriendo un mundo que desconocía y un protagonista que, bajo esa apariencia de hombre despreocupado y poco interesado en los sentimientos, tiene mucho más que contar.
En cuanto al desenlace, otro final que no termina de entusiasmarme. Y mira que me gusta que no haya boda, que no todas las historias románticas tengan que acabar necesariamente pasando por el altar. También me parece positivo que las series coreanas vayan abriendo cada vez más las miras y presenten otras posibilidades, como las relaciones sin matrimonio o la convivencia en pareja sin necesidad de formalizar la unión.
Lo que me sobra son esas reflexiones finales de la protagonista, tan motivadoras y casi lapidarias, que parecen querer convertirse en lecciones de vida para el espectador. Últimamente me las encuentro con demasiada frecuencia y empiezan a cansarme. A veces basta con terminar la historia, dar un cierre a los personajes, abierto o cerrado, más o menos azucarado, con la familia unida y reunida o no, pero sin necesidad de rematarlo todo con frases que pretenden explicarnos lo que debemos aprender de lo que acabamos de ver.
Dicho esto, Make Me Tingle me ha gustado y la recomiendo muy altamente. Una comedia romántica diferente, divertida y con bastante más contenido del que esperaba encontrarme. Una de esas sorpresas que te llevas cuando empiezas un drama sin demasiadas expectativas y acabas deseando ver el siguiente episodio.
Se puede ver en Viki.
By Jemmssi
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