Made in Korea 2: poder, patriotismo y una lucha sin vencedores

poster kdrama Made in Korea 2

Nueve años después de los acontecimientos de la primera temporada, Made in Korea regresa con seis episodios que continúan la historia de Baek Ki-tae, Jang Geon-young y Baek Ki-hyun. Si la primera temporada nos mostraba el ascenso de Ki-tae dentro de las estructuras de poder y su enfrentamiento con el fiscal Jang, esta segunda parte nos lleva a un momento especialmente convulso de la historia reciente de Corea del Sur.

Estamos en 1979, después del asesinato de Park Chung-hee, que había permanecido en el poder durante casi dieciocho años. El país vive una situación de enorme inestabilidad y las protestas ciudadanas reclaman democracia y elecciones. La muerte del presidente abre un vacío de poder que todos quieren aprovechar, y en ese escenario Ki-tae se encuentra en una posición privilegiada: es subdirector de la KCIA y parece decidido a llegar todavía más alto. De hecho, cuando aparece por primera vez suena Inhale the Throne, toda una declaración de intenciones. ¿Nos están diciendo que acabará ocupando el puesto de director?

La serie utiliza este contexto histórico para volver a hablar de poder, ambición y corrupción. Y lo hace mientras Corea del Sur atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia, cuando las esperanzas de democratización chocan con quienes pretenden hacerse con el control del país. La propia serie juega con esta idea de que, tras la desaparición violenta del «kumicho» coreano —el presidente—, queda un trono vacío que todos quieren ocupar.

Y mientras el país se encuentra en plena convulsión, la lucha entre Ki-tae y Jang continúa. El antiguo fiscal regresa ahora como asesor del cuartel de investigaciones, empeñado en acabar con la corrupción y el narcotráfico. Pero esta vez parece dispuesto a ir a por todas en su cruzada, incluso si para conseguirlo tiene que cruzar alguna línea roja.

Porque una de las cuestiones que plantea esta segunda temporada es precisamente esa: ¿todo vale por patriotismo? ¿Es una excusa válida cruzar cualquier línea cuando creemos estar actuando por el bien del país?

Y en esta contienda sin piedad entra de lleno Baek Ki-hyun, el hermano pequeño de Ki-tae. Ya en la primera temporada este personaje nos dejó con ganas de saber más de él y aquí descubrimos mucho mejor esa lucha de conciencia que lleva dentro. Durante años ha vivido siguiendo las órdenes de su hermano, formando parte de un mundo peligroso que cada vez le resulta más difícil aceptar. Poco a poco empieza a despertar su propia conciencia y a volar solo, aunque hacerlo significa enfrentarse precisamente a la persona que más poder tiene sobre él.

Me ha gustado especialmente esta evolución porque convierte a Ki-hyun en algo más que el hermano pequeño de Ki-tae. Es alguien que tiene que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar y qué precio está dispuesto a pagar por seguir obedeciendo. Y resulta interesante comprobar cómo dos hermanos que han crecido dentro del mismo mundo pueden acabar tomando caminos tan diferentes.

Además, ahora es el propio Ki-tae quien vive dentro de su familia lo destructiva que puede ser la droga, precisamente él que se dedica a fabricarla y venderla. Es una especie de vuelta de tuerca especialmente interesante: aquello que ha utilizado para enriquecerse y aumentar su poder termina entrando en su propia casa.

También volvemos a encontrarnos con algunos de los personajes de la primera temporada y con nuevas piezas que se incorporan a este complicado tablero de poder. Entre ellas está Ikeda Yuji, la mujer zainichi vinculada a la yakuza que quiere convertirse en la nueva kumicho. Su presencia añade otro frente a una historia en la que nadie parece estar dispuesto a conformarse con el lugar que ocupa.

Porque si algo queda claro en Made in Korea 2 es que aquí cualquier bando está cortado por el mismo patrón. Todos mienten a todos. Todos tienen sus propios intereses. Todos encuentran una justificación para lo que hacen y, llegado el momento, están dispuestos a cruzar una línea más.

Y ahí es donde la serie vuelve a colocar a Ki-tae y Jang frente a frente. ¿Quién de los dos saldrá vencedor de esta lucha? Lo curioso es que, cuanto más avanza la historia, menos claro resulta quién puede considerarse vencedor. ¿Qué diferencia hay entre luchar contra la corrupción y utilizar los mismos métodos que aquellos a los que se pretende combatir? ¿Y qué cambia realmente si uno de ellos desaparece? ¿Cambiará el mundo si uno de ellos muere?

Hyun Bin como Baek Ki-tae en Made in Korea

Los tres protagonistas están fantásticos. Hyun Bin vuelve a estar espléndido como Baek Ki-tae, un personaje cada vez más atrapado por su propia ambición y por las decisiones que ha ido tomando. Jung Woo-sung continúa transmitiendo muy bien la obsesión de Jang por acabar con Ki-tae, mientras que Woo Do-hwan tiene en Ki-hyun un personaje con mucho más espacio para crecer y mostrar sus conflictos.

Y si hay una escena que resume para mí el trabajo de Hyun Bin en esta temporada es precisamente la última escena de los hermanos. Ese primer plano de su rostro y cómo poco a poco va cambiando su expresión dicen muchísimo sin necesidad de palabras. Es uno de esos momentos en los que el actor consigue que entendamos lo que está pasando dentro de su personaje simplemente observándolo.

He disfrutado con esta segunda temporada y, en general, me ha gustado, aunque me gustó más la primera. Esta segunda parte quizá resulta algo menos sorprendente porque ya conocemos las reglas de este mundo y a sus protagonistas, pero también es necesaria para cerrar el círculo que había quedado abierto.

Al final, Made in Korea nos deja con una lucha en la que parece que todos pueden perder. Porque quizá el verdadero problema no sea quién gana, sino qué queda después de que todos hayan cruzado sus propias líneas rojas.

También te puede interesar la primera temporada de Made in Korea.


By Jemmssi






Comentarios