The Scandal (2026): deseo, virtud y juegos de poder en el Joseon del siglo XVIII
Tenía curiosidad por The Scandal porque ya se había anunciado como una producción que iba a subir un poco el tono respecto a lo que estamos acostumbrados a ver en un kdrama histórico. Y sí, hay escenas de desnudos y de sexo bastante más explícitas de lo habitual, algo que además tiene sentido dentro de la historia que quiere contar. Pero, después de verla, creo que lo más interesante de esta miniserie de ocho episodios no está tanto en esas escenas como en el retrato que hace de la sociedad de Joseon y, especialmente, de la situación de las mujeres.
The Scandal está protagonizada por Son Ye-jin, Ji Chang-wook y Nana y es un remake de Untold Scandal (2003), la película dirigida por E J-yong y protagonizada por Lee Mi-sook, Bae Yong-joon y Jeon Do-yeon. Ambas producciones parten a su vez de Las amistades peligrosas, la novela de Pierre Choderlos de Laclos publicada en 1782, trasladando aquella historia de seducción, juegos de poder y manipulación al Joseon de finales del siglo XVIII.
La serie comienza con esas imágenes costumbristas en movimiento que nos muestran el día a día de sus personajes, acompañadas por una música instrumental que casi parece trasladarnos a una película de época europea. Poco después nos introduce en una sociedad profundamente marcada por el confucianismo, donde la separación entre hombres y mujeres se extiende a prácticamente todos los ámbitos de la vida.
Y ahí es donde The Scandal me ha resultado especialmente interesante.
La protagonista, Lady Cho, es una mujer extraordinariamente inteligente, algo que su propio padre ha sabido reconocer y fomentar. Pero también es consciente de que el matrimonio supondrá para ella perder buena parte de esa libertad intelectual. Su posición como mujer noble está llena de contradicciones: tiene educación, inteligencia y capacidad para desenvolverse en un mundo dominado por los hombres, pero al mismo tiempo está atrapada por las normas que determinan cómo debe comportarse una mujer de su clase.
De hecho, uno de los escritos que permite a Cho Won superar el examen para convertirse en funcionario procede de ella. Es un detalle que me gusta porque resume muy bien esa paradoja: una mujer puede poseer los conocimientos y la inteligencia necesarios, pero es un hombre quien puede convertirlos en reconocimiento social.
Y si la situación de las mujeres casadas ya resulta complicada, la de las viudas me ha parecido especialmente triste y fascinante a partes iguales. Una mujer podía quedar prácticamente convertida en una muerta en vida: debía preservar la memoria, la fidelidad y la castidad de su marido incluso después de haber fallecido. En el Joseon tardío llegó a existir una fuerte presión social sobre las viudas para demostrar su virtud, y el suicidio podía llegar a ser presentado como la máxima expresión de fidelidad. Las mujeres consideradas virtuosas podían incluso recibir reconocimiento público mediante las llamadas yeolnyeomun, las puertas erigidas en honor de mujeres consideradas ejemplares por su castidad.
Por eso Hui-yeon, interpretada por Nana, me parece un personaje tan interesante. Nana está fabulosa en un papel que transmite fragilidad y resignación, pero también un deseo de vivir que permanece escondido bajo esa apariencia de mujer entregada a su destino. Parece haber aceptado que su vida ya está decidida y que apenas tiene margen para escapar de su destino, pero en su interior todavía desea disfrutar de los placeres que la vida puede ofrecerle.
Y aquí entran en juego Cho Won y Lady Cho.
La relación entre los dos primos es cualquier cosa menos una relación sana o equilibrada. Existe entre ellos una atracción que nunca terminan de expresar abiertamente y que se convierte en un continuo juego de poder. Los dos saben perfectamente lo que sienten, pero ninguno parece dispuesto a ser quien dé el primer paso o quien reconozca su derrota.
En realidad, da la impresión de que quien lleva las riendas de esta relación es Lady Cho. Es ella quien propone el juego y quien marca las reglas. Pero Cho Won tampoco está dispuesto a salir derrotado, especialmente cuando cree dominar el terreno de la seducción. Lo que comienza como una apuesta va adquiriendo unas dimensiones mucho mayores de las que ambos podían imaginar, porque están jugando con la vida de una tercera persona.
Y esa tercera persona es Hui-yeon, una viuda cuya virtud y reputación son precisamente aquello que ellos ponen a prueba.
Aquí es donde la historia me genera sentimientos encontrados. Porque, aunque la relación entre los dos primos sea fascinante precisamente por su carácter tóxico y enfermizo, resulta imposible olvidar que su juego tiene consecuencias reales para otra mujer. Ellos pueden permitirse jugar con el deseo, con la infidelidad y con la reputación porque pertenecen a una clase social que les proporciona cierto margen de maniobra. Hui-yeon, en cambio, se juega literalmente la vida.
También me ha parecido interesante cómo la serie relaciona sexualidad y clase social. Las mujeres de las clases más bajas, como las cheonmin o las kisaeng, aparecen disfrutando de una libertad sexual que las mujeres de la aristocracia no pueden permitirse. No porque su sociedad sea más libre con ellas, sino porque su virtud no está sometida al mismo escrutinio. Para una mujer yangban, en cambio, la castidad es parte del honor familiar y puede sobrevivir incluso a su propia muerte.
Por eso las escenas sexuales no me parecen un elemento aislado destinado simplemente a provocar. Forman parte del contraste que plantea la serie entre deseo y virtud, entre lo que los personajes desean hacer y lo que la sociedad les permite hacer. La sexualidad se convierte también en otra forma de poder.
Otro elemento que me ha gustado es la aparición del cristianismo en este contexto. El catolicismo comenzó a introducirse en Joseon a finales del siglo XVIII y pronto entró en conflicto con el orden confuciano dominante; las persecuciones contra los católicos se intensificarían posteriormente, especialmente a partir de 1801.
Visualmente, The Scandal está muy cuidada. La ambientación, los escenarios y, sobre todo, el vestuario me han gustado mucho. Es de esas producciones en las que resulta fácil quedarse mirando los detalles. La recreación de época ayuda a construir ese contraste entre la belleza del mundo que vemos y las restricciones que sufren sus habitantes.
En conjunto, The Scandal me ha gustado. Quizá no tanto por la historia de amor o por el juego de seducción en sí como por todo lo que hay alrededor. Me ha interesado especialmente el retrato de una sociedad en la que las mujeres tenían muy poco margen para decidir sobre su propia vida, y en la que conceptos como el honor, la virtud y la castidad podían llegar a determinar incluso si una mujer tenía derecho a seguir viviendo.
Y por encima de todo está esa relación entre los dos primos: amores no correspondidos, sentimientos reprimidos, infelicidad, deseo y una devoción que acaba adquiriendo tintes enfermizos. Una partida en la que ambos quieren demostrar quién puede resistir más tiempo sin reconocer lo que realmente sienten, mientras una viuda acaba quedando atrapada en un juego que nunca pidió jugar.
Al final, The Scandal va bastante más allá de su historia de seducción. Bajo el escándalo, el sexo y los juegos de poder hay un retrato bastante sombrío de la vida de las mujeres en el Joseon del siglo XVIII. Y ese es, para mí, el aspecto que más me ha gustado de la serie.
Si os interesa profundizar en la situación de las mujeres en la sociedad de Joseon, podéis echar un vistazo también a estas entradas del blog, donde trato algunos de estos aspectos desde perspectivas diferentes:
Profundizando en el contexto histórico de My Dearest
Elementos tradicionales y modernos en el kdrama The Story of Park's Marriage Contract
By Jemmssi



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