Heavenly Ever After (2025) : una historia de amor eterno

poster del kdrama Heavenly Ever After (2025)

Empecé este kdrama bastante a ciegas. Siempre intento informarme poco sobre el argumento o el tema de los dramas que voy a ver. Básicamente, me guío por una imagen, una escena que me llama la atención o porque alguno de sus protagonistas está entre mis actores o actrices favoritos. En este caso, añadí Heavenly Ever After a mi lista de pendientes porque estaba protagonizado por Son Suk-ku, un actor que me gusta mucho y que, además, tengo la sensación de que siempre escoge muy bien sus trabajos. A esto se sumaba que también estaba Han Ji-min, una actriz a la que he visto ya en bastantes dramas y con la que siempre es agradable reencontrarse.

Y me sorprendió desde el primer episodio. Me imaginaba que sería una historia bastante más dramática y, sin embargo, la serie sabe encontrar un equilibrio muy conseguido entre drama y comedia. Un equilibrio que se mantiene durante buena parte de sus doce episodios, aunque hay una evolución evidente: si al principio pesa más la comedia, a medida que avanzamos el drama va ganando terreno hasta convertirse en el tono predominante.

La historia comienza con Lee Hae-sook (Kim Hye-ja), una mujer que ha dedicado su vida a cuidar de su marido parapléjico, Ko Nak-joo (Son Suk-ku) y se ha ganado la vida como prestamista después de que un accidente dejara a su marido postrado en una cama para el resto de su vida. Su profesión le ha valido fama de usurera y Hae-sook está convencida de que, cuando muera, acabará en el infierno. Por eso, su sorpresa es mayúscula cuando, al llegar al más allá, descubre que está en el cielo y que allí la espera su marido. 

Kim Hye-ja y Sun Sukku en Heavenly Ever After

Aunque hay un pequeño problema: Nak-joon ha elegido tener en el cielo el aspecto que tenía cuando era joven, mientras que Hae-sook ha decidido conservar sus ochenta años. Así que tenemos a un matrimonio reencontrado después de la muerte, pero con una diferencia de edad que da pie a algunas de las situaciones más divertidas de los primeros episodios.

Me está gustando especialmente la manera en la que Heavenly Ever After juega con la idea del cielo. No nos encontramos con ese lugar etéreo y solemne que podríamos imaginar, sino con un cielo moderno, casi burocrático y tremendamente organizado. Hay un sistema que permite utilizar como una especie de crédito las buenas acciones realizadas durante nuestra vida y hasta los trámites de entrada en el más allá tienen su correspondiente procedimiento.

Y, junto a esta visión tan particular del cielo, la serie mezcla elementos de la tradición cristiana con creencias y conceptos propios de la cultura coreana. Aparecen los jeoseungsaja, esas figuras vinculadas al mundo de los muertos que ya hemos visto en otros kdramas, y la muerte, el más allá, la reencarnación y el destino se integran con absoluta naturalidad en la historia.

Pero si hay algo que destaca por encima de todo es la pareja protagonista.

¡Cuánta ternura hay entre Hae-sook y Nak-joon! No sé si con otros actores se habría conseguido transmitir exactamente lo mismo, pero Kim Hye-ja y Son Suk-ku hacen que resulte muy fácil creer en la historia de amor de estos dos personajes. No es una relación idealizada: discuten, se enfadan, tienen sus diferencias y se hacen reproches como cualquier matrimonio. Lo bonito es que, incluso después de la muerte, siguen comportándose como una pareja.

Una vez que Hae-sook consigue aclimatarse a su nueva vida, vamos descubriendo que algunas de las cosas que las circunstancias de su vida terrenal no les permitieron vivir juntos podrán experimentarlas ahora en el cielo. Y ahí está una de las ideas que más me han gustado del drama: incluso después de una vida compartida, todavía pueden quedar cosas por descubrir y momentos por vivir junto a la persona que queremos.

Hae-sook se encuentra, además, completamente fuera de lugar en ese cielo lleno de gente joven. Y su adaptación no va a ser precisamente sencilla. Pero poco a poco vamos conociendo mejor este peculiar mundo y a los personajes que lo habitan.

A mitad del drama la dinámica cambia. Aparecen nuevas tramas y nuevas incógnitas que nos hacen preguntarnos qué está sucediendo realmente. Conocemos, entre otras cosas, el puente del arcoíris por el que llegan al cielo perros y gatos, y descubrimos una iglesia prácticamente sin feligreses, regentada por un sacerdote con el que Hae-sook terminará relacionándose en su intento de evitar el infierno. ¿Por qué no hay parroquianos en esa iglesia? Todo tiene su razón de ser y poco a poco iremos descubriéndola.

Y la relación que se establece entre el sacerdote y Hae-sook se convierte para mí en uno de los puntos fuertes del drama. Al fin y al cabo, ella es la única feligresa que el cielo le ha impuesto, una feligresa que se queda dormida durante sus sermones y que, cuando consigue escuchar alguna cosa, no duda en cuestionarle lo que ha dicho. Pero Hae-sook también tiene su particular manera de demostrarle cariño: le prepara unos platos que parecen hechos por los propios ángeles. ¡A mí se me hacía la boca agua viendo todo lo que cocinaba! Es una relación que aporta muchos momentos divertidos y, al mismo tiempo, consigue que conozcamos otra faceta de Hae-sook.

Reconozco que en este punto sentí que el drama había perdido parte de la frescura de sus primeros episodios. La primera mitad me había sorprendido precisamente porque no sabía muy bien por dónde iba a salir la historia y, llegados a este punto, algunas de las tramas empiezan a parecer más previsibles. Sin embargo, Heavenly Ever After vuelve a demostrar que no todo es exactamente lo que parece y consigue llevarnos hacia cuestiones que van mucho más allá de la historia de amor de Hae-sook y Nak-joon.

Uno de los conceptos que aparecen en el drama es el in yeon (인연), una idea muy presente en la cultura coreana y en los kdramas, relacionada con los vínculos y conexiones que unen a las personas y que hemos visto en kdramas como Goblin o en películas como Past Lives. También aparecen relacionados con la historia otros conceptos como la reencarnación, el renacimiento y el karma.

Son temas que me interesan especialmente y sobre los que ya profundicé en el blog cuando hablé de ellos en la entrada que le dediqué al 10º aniversario de Goblin, aquí dejo el enlace a ese post:

Mitos, creencias populares y budismo en el kdrama Goblin

Pero creo que, por encima de todos estos conceptos, Heavenly Ever After nos habla de algo mucho más sencillo: dónde encontramos la felicidad.

Y la respuesta que nos propone el drama es preciosa. La felicidad puede estar al lado de las personas que amamos y que nos quieren, incluso cuando las circunstancias no son perfectas. Podemos estar enfermos, atravesar una mala situación económica, tener problemas en el trabajo o simplemente encontrarnos en una mala época de nuestra vida. Eso no significa que no podamos ser felices si estamos rodeados de amor.

Y ese amor no tiene por qué encontrarse únicamente en una pareja. Puede estar en otra persona, en un animal de compañía o incluso en aquello que nos apasiona y que da sentido a nuestra vida.

También hay espacio para hablar de algo que me parece especialmente importante: aprender a perdonarnos a nosotros mismos. Porque podemos recibir el perdón de los demás y, aun así, seguir cargando con nuestras propias culpas. Mientras no seamos capaces de perdonarnos, esa carga continuará acompañándonos y nos impedirá avanzar hacia la felicidad.

Y aquí es donde la historia de Hae-sook adquiere todo su sentido.

Me ha gustado mucho Heavenly Ever After. Sobre todo por la relación de Hae-sook y Nak-joon, una pareja que me ha parecido de una ternura enorme. Y porque, como ellos mismos llegan a reconocer, aunque discutan, se enfaden y no siempre estén de acuerdo, no podrían compartir su vida con otra persona. Su felicidad está en estar juntos, pero no desde un amor egoísta o posesivo, sino desde la libertad de elegirse el uno al otro. Están juntos porque quieren estarlo, no porque tengan que estarlo. Y creo que ahí está precisamente una de las cosas más bonitas de su relación.

Quizá esa sea la idea que me llevo de este drama: que una vida feliz no tiene por qué ser una vida perfecta. Puede estar llena de dificultades, pérdidas, enfermedades, errores y malos momentos. Lo importante es encontrar aquello y aquellas personas que hacen que, a pesar de todo, queramos seguir viviendo.

Me alegra haber visto este drama y, sobre todo, haber descubierto un mensaje tan bonito detrás de una historia que comenzó pareciendo mucho más ligera de lo que finalmente ha resultado ser.

Por dramas como Heavenly Ever After me hice kdramalover. 


By Jemmssi


Si te han gustado Son Suk-ku y Han Ji-min, quizá también te interese echar un vistazo a estas otras reseñas de dramas protagonizados por ellos:

Son Suk-ku
→ My Liberation Notes

Han Ji-min
→ Love Scout
→ Padam Padam

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