Corea: apuntes desde la cuerda floja, de Andrés Felipe Solano
No conocía este libro y, buscando algo que leer que me sacara de la rueda en la que me había sumergido —empezar varias novelas y no conseguir que ninguna me enganchara—, se me cruzó en el camino Corea: apuntes desde la cuerda floja. Finalmente, ha sido este diario del escritor colombiano Andrés Felipe Solano el que ha conseguido atraparme.
Empecé a leerlo sin ninguna pretensión, como un intento más de encontrar una lectura que me enganchara, pero el formato, a modo de anotaciones personales sobre su nueva vida en Corea del Sur, despertó enseguida mi curiosidad. ¿Cómo es la vida de un occidental en un país asiático con una cultura tan diferente de la nuestra?
El autor, escritor y periodista colombiano, se traslada a Seúl con su mujer coreana después de que ambos se queden sin trabajo. A partir de ahí, y con una estructura que sigue las cuatro estaciones del año, nos cuenta su día a día, sus pensamientos y sus impresiones durante esta nueva etapa de su vida. No estamos ante un diario convencional, con anotaciones fechadas, sino ante una sucesión de textos breves que saltan de un asunto a otro con naturalidad. Y precisamente eso es lo que me ha gustado: son párrafos cortos, a veces con la extensión de lo que podría ser una entrada de diario, escritos con un estilo sencillo que invita a seguir leyendo.
El libro se divide en cuatro partes, que corresponden al invierno, la primavera, el verano y el otoño. A través de ellas, el autor va componiendo un retrato de la sociedad coreana que combina las pequeñas escenas de la vida cotidiana con reflexiones sobre sus costumbres, sus contradicciones y su forma de entender el mundo.
Para quienes llevamos años subidos al hallyu, algunas de las cuestiones que aparecen en estas páginas no nos resultarán del todo desconocidas. La doble moral, la prohibición de las drogas, el consumo de alcohol y tabaco, la elevada tasa de suicidios o la presión académica que soportan los estudiantes son temas que ya hemos encontrado en documentales, artículos y, por supuesto, en los k-dramas. También conocemos la importancia que se concede a los estudios, las academias de refuerzo a las que acuden los alumnos después de la jornada escolar y la enorme presión que supone acceder a la universidad.
Sin embargo, una cosa es conocer estos aspectos a través de las producciones coreanas y otra muy distinta descubrir detalles que difícilmente llegarían hasta nosotros de no ser por alguien que ha vivido allí. Por ejemplo, la cantidad de locales de ocio para adultos que se concentran en determinadas zonas de Seúl, el precio desorbitado que puede alcanzar la fruta —hasta el punto de convertirse en un regalo de lujo— o la tradición de los registros familiares, en los que las mujeres podían dejar de figurar en el libro de su familia de origen al casarse.
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| Foto de Sava Bobov en Unsplash |
Otro de los temas recurrentes es la relación con Corea del Norte y esa amenaza de guerra que permanece latente y que, en determinados momentos, vuelve a hacerse especialmente presente. Es curioso pensar que algo que desde fuera podemos percibir como una noticia puntual forma parte de la realidad cotidiana de quienes viven en el país.
Pero Corea: apuntes desde la cuerda floja no se limita a ofrecer una mirada sociológica. También hay espacio para los aspectos más domésticos: la relación del autor con su mujer, sus dificultades para ganarse la vida y los trabajos que desempeña, entre ellos los relacionados con la traducción. Son fragmentos que nos permiten conocer al hombre que hay detrás del escritor y que aportan cercanía a la lectura.
Mención aparte merecen las ahjummas, esas mujeres de mediana edad que parecen constituir una categoría humana propia. El autor las observa con una mezcla de curiosidad y humor, hasta el punto de presentarlas casi como una subespecie dentro del género humano: no son hombres ni mujeres, son ahjummas. Una manera divertida de acercarse a un personaje tan reconocible para quienes vemos k-dramas, donde estas mujeres suelen tener un carácter, una presencia y una forma de relacionarse muy particulares.
También descubrimos la isla de Jeju, tradicional destino vacacional para los coreanos y lugar elegido por muchas parejas para su luna de miel en los años setenta. Allí se encuentra Love Land, un parque de esculturas eróticas que, según cuenta el autor, servía para ayudar a romper el hielo entre los recién casados. Son detalles que enriquecen la imagen que podemos tener de Corea y que nos recuerdan que detrás de los escenarios que vemos en pantalla existe una sociedad con sus propias costumbres y formas de entender las relaciones.
Uno de los asuntos que más me ha llamado la atención es la relación de los coreanos con el sexo. Como señala el autor, existe una contradicción evidente entre una industria sexual que mueve grandes cantidades de dinero, con una amplia variedad de establecimientos y servicios, y una sociedad que mantiene normas de comportamiento bastante conservadoras en el espacio público. Por un lado, encontramos teahouses, salas privadas, locales de acompañantes y establecimientos de lujo; por otro, sigue existiendo una fuerte presión social sobre cómo deben vestir y comportarse las mujeres, especialmente ante las generaciones mayores. Es un contraste que me ha hecho reflexionar y que, ahora que estoy viendo Make Me Tingle, me ayuda a completar un poco más esa imagen de la sociedad coreana.
A lo largo del libro también aparecen las huellas de la tradición confuciana, especialmente en lo que respecta a la familia y la piedad filial. La globalización y la evolución de la sociedad van transformando estas costumbres, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, pero muchas siguen presentes. A ello se suman la obsesión por la belleza y la cirugía estética, tanto entre hombres como entre mujeres, y la costumbre de acudir a los baños públicos, que no son únicamente un lugar para la higiene, sino también un espacio de desconexión y de ritual cotidiano.
En definitiva, Corea: apuntes desde la cuerda floja me ha resultado una lectura muy interesante. En mi caso, me ha permitido repasar cuestiones que ya conocía gracias a los años que llevo interesándome por la cultura coreana, pero también descubrir otras que probablemente solo se comprenden de verdad cuando se vive allí. Y hacerlo desde la mirada de alguien que llega de otro país, se instala en Seúl y trata de encontrar su lugar en una sociedad que, a pesar de haberse vuelto más cercana gracias al hallyu, sigue teniendo aspectos que nos resultan sorprendentes.
Me ha gustado especialmente esa combinación de observaciones culturales, anécdotas cotidianas y reflexiones personales, sin necesidad de construir un relato lineal ni de profundizar extensamente en cada asunto. Son pequeñas pinceladas que, juntas, terminan componiendo un retrato de Corea del Sur con sus contradicciones, sus tradiciones y sus cambios.
Una lectura muy recomendable para quienes sienten curiosidad por Corea más allá de los k-dramas y quieren asomarse a la vida cotidiana de quienes han hecho de este país su hogar.
By Jemmssi


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